Esta semana un compañero de trabajo me ha contado una anécdota graciosa que le pasó hace unos años…

Os la cuento:

En una gran instalación industrial había un departamento al que le habían encargado el control periódico de un sistema de equipos que estaban encendidos todo el día y que era importante verificar que funcionaban bien.

Cada semana una persona del departamento debía ir a ver el equipo, comprobar que el sistema funcionaba bien y rellenar un registro similar a este:

hoja de registro

Solamente había que escribir la fecha y un “Sí” o un “No”.

Las primeras veces los controles se hicieron correctamente, y los registros se fueron rellenando por los trabajadores del turno:

2

3

4

5

Pero con el paso del tiempo, la rutina y la acumulación de otras tareas, la gente fue perdiendo motivación y dejaron de darle importancia a este control.

Al parecer, para ahorrar tiempo dejaron de molestarse en ir a mirar el equipo para comprobar el funcionamiento del sistema, y se limitaron a copiar los registros de las semanas anteriores sin leerlos.

Esto llegó hasta el punto en el que un día un trabajador leyó mal el “SÍ” del registro anterior, y copió erróneamente un “5’1”:

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En este momento, lo lógico habría sido que alguien del departamento se hubiera dado cuenta del fallo. Pero no… En vez de eso, las siguientes semanas siguieron copiando los registros anteriores sin leerlos… rellenando “5,1” en vez de “Sí”.

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Esto continuó pasando varias veces más hasta que, por fin, el trabajador del turno de esa semana se dio cuenta de que los datos no tenían sentido: Tantos 5,1 seguidos todas las semanas eran absurdos. No podía ser que, en todos los registros, pusiera el mismo número…  si algún inspector revisaba esos datos, se daría cuenta de que los estaban rellenando sin comprobar realmente el equipo ni tomar las medidas.

Así que…

.

…finalmente, para solucionar la situación y que no se notara que se estaban inventando los datos, en vez de un 5,1, escribió un 5,2.

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Y esta es la historia de cómo un “Sí” se termina convirtiendo en un “5,2”.

Lo único que no me han contado, es qué tipo de excusa pusieron cuando les pillaron.

PD: El próximo día os contaré cómo se convierte una “B” en un “13”.



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