En muchas ocasiones he escuchado a un comercial basar la calidad de sus productos en base a la garantía que ofrecía. “¿Tu crees que si no fuera bueno, te ofreceríamos esta garantía?”, con esta frase tan recurrente la gente suele pensar que tienen razón, que no se van a “pillar los dedos” ofreciendo algo de mala calidad con una garantía tan buena.

La verdad es que, influyendo también el tema de la obsolescencia programada, muchas empresas se escudan en la larga garantía que ofrecen para conseguir captar más clientes y ofrecer un producto más bien mediocre.

  • ¿Por qué se sigue ofreciendo la garantía adicional?

La empresa lo que hace es lanzar el producto y, a modo de marketing, ofrecerlo a un precio parecido al de la competencia pero con una “garantía adicional”, pensando que así van a ser más competitivo. Realmente lo que hacen, por término general, es reducir costes en la producción disminuyendo los controles que deben de pasar estos productos antes de salir al mercado y con ese ahorro de costes ofrecen el mantenimiento o las reparaciones dentro del periodo de garantía. De esta forma la empresa, de lo que supuestamente se ahorra durante la producción se lo gasta durante el periodo de garantía.

  • ¿Qué consecuencias tiene para la empresa?

Algunos clientes los consigue captar y una vez que detectan fallos en el producto que compraron lo llevan a arreglar o cambiar por uno nuevo. Con este cliente pueden pasar dos cosas:

  1. Está satisfecho porque se lo han solucionado y porque, incluso, le han dado un producto completamente nuevo.
  2. El cliente se molesta porque tiene que perder tiempo en volver a la tienda a que le solucionen un problema del cual él no tiene ninguna culpa.

En el primer caso, no pasaría nada si el cliente es la primera vez que va a reclamar, pero si ya es la quinta vez que va a la tienda y cada vez con un problema diferente, en el momento que le vuelvan a dar el producto nuevo, por muy nuevo que sea no le va a servir de nada porque sabe que va a volver a por otro tarde o temprano.

Y en el segundo caso, el cliente ya está molesto desde el principio y no va a volver a comprar en esa tienda, incluso lo más seguro es que lo comente y esta empresa pierda clientes potenciales.

Todas estas insatisfacciones por parte de los clientes se traducen en pérdidas económicas, de reputación y de imagen de esa empresa, la cual en un principio pensó en la garantía adicional como método de abrirse un hueco en el mercado y lo que consigue es quedarse fuera del mismo por problemas con sus clientes.

  • ¿Una buena garantía es siempre sinónimo de mala calidad?

No. La verdad es que hay empresas que no dejan de invertir en la prevención de los fallos y siguen “gastando dinero” para que al cliente le llegue un producto completamente conforme y de buena calidad. Lo que pasa es que este caso representa la menor parte de las empresas.

No obstante, siempre que os ofrezcan una buena garantía no hay que rechazarlo, seguramente conozcáis la marca y sabréis, según comentarios de amigos o familiares, si podéis fiaros o no.

Autor: Pedro Leira Jiménez

Fuente de la imagen: compuserviciosdesonora.blogspot.com

 



Comentarios

  1. Que grandisima razón, tener un certificado colgado en la pared no significa absolutamente nada, la calidad debe estar en el día a día y no lo justo para pasar un prueba anual, que es lo que lamentablemente hacen muchas empresas…en España queda muuuucho camino por recorrer en metodologías de calidad así que llegará un día en el que se den cuenta que apostar por estas herramientas implica mejora sin costes, porque todo lo que se hace ahora mismo son cosas adhoc que solo tapan agujeros…

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