Siguiendo con otros textos que escribí hace un tiempo, como el de La Pirámide de Maslow o el de los Cinco consejos para ser más feliz cambiando tu forma de pensar, esta vez se me antoja escribir sobre otro tema relacionado con el propósito de la búsqueda de la felicidad: el amor. En concreto, con una palabra y una forma de actuar que se ha popularizado, por desgracia, en estos tiempos, como es el «amor liquido», o la liquidez (superficialidad) del mundo postmoderno.

Este término se aplica tanto a las relaciones románticas -parejas-, como a las relaciones entre personas cercanas: amigos, compañeros, conocidos y otras relaciones interpersonales en general.

  

El amor líquido: Origen y significado

El concepto de amor líquido fue creado por el sociólogo Zygmunt Bauman, y se desarrolla en su libro del año 2003, «Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos». El libro traducido al castellano se puede encontrar fácilmente en cualquier librería o tienda online, y se divide en cuatro capítulos: Enamorándose y desenamorándose; Dentro y fuera de la socialidad; Sobre la dificultad de amar a tu prójimo; y La desmantelarían de la unión/compañerismo.

Zygmunt se refiere a la liquidez en el amor como algo causado por la época actual que nos ha tocado vivir, en una sociedad capitalista, consumista y altamente individualista, donde todo tiene el adjetivo de «usar y tirar», y donde las relaciones -antaño fuertes y duraderas- son sustituidas por relaciones más fugaces y superficiales, que se conciben como una especie de intercambio comercial, al que se accede por interés mutuo, y donde las dos personas mantienen dicha relación por dicho interés y solo mientras consigan beneficio propio. Con ello, las relaciones duraderas se transforman en meras conexiones temporales, superfluas y deshechables.

De este modo, este amor liquido se caracteriza por concebir las relaciones interpersonales como una suerte de mercancías que se pueden consumir en un momento dado para satisfacer las necesidades de un momento puntual, y una vez superadas esas necesidades, se pueden abandonar, sustituir o eliminar en el momento siguiente.

Como ya hemos dicho antes, no nos referimos solamente a las relaciones románticas (parejas, matrimonios…), sino también a las amistades y cualquier otro tipo de relación entre personas.

 

Relaciones en la sociedad actual, versus relaciones tradicionales

Saliéndonos del la obra de Zygmunt y divagando un poco, si nos paramos a pensar en los cambios que ha sufrido la sociedad desde los años 80 y 90, podemos contemplar cómo los cambios tecnológicos, políticos, sociales, etc. han dado lugar a un cambio en la forma de comportarse de las personas, que han tenido que adaptarse a marchas forzadas a un nuevo mundo muy distinto al que vivieron nuestros padres y abuelos.

La aparición de Internet, los teléfonos móviles y la Sociedad Conectada, junto con la mejora de los transportes que unen ciudades y países, la globalización de las economías y mercados que ha hecho casi desaparecer las fronteras entre regiones, etc. ha llevado a cambios radicales en la forma de vivir de las personas. Cada vez se exige más estudios a los jóvenes, los trabajos son más temporales y precarios, se exigen cambios de residencia a otra ciudad (o país, o continente…), el coste de la vida es mayor y el futuro es más incierto. Con todo ello, parece casi impensable pensar en el antiguo modelo de familia, donde un matrimonio podía durar para toda la vida, y una pareja podía subsistir con el trabajo estable de uno de sus miembros. Hoy en día deberían trabajar los dos miembros de la pareja, lo cual se antoja muy complicado, sobre todo teniendo en cuenta que los trabajos son cada vez más temporales y en muchos casos exigen cambios de lugar de residencia.

Otro asunto en el que ha cambiado mucho la sociedad es en la forma de conocer gente nueva. Internet y las redes sociales han facilitado mucho la posibilidad de conocer a nuevas personas, hacer nuevos contactos, así como también poder borrarlos de tu lista de amigos en cualquier momento. A diferencia del pasado donde conocer a personas requería más esfuerzo (como mínimo, salir a la calle), ahora desde casa puedes conocer a gente en cualquier momento, hablar con desconocidos a cualquier hora del día, y tener cientos de contactos en la red. Esta nueva forma de socializarse, a priori, no tiene por qué ser mejor ni peor que la que había hace 50 años, no obstante, sí que fomenta una mayor rotación en tu circulo de amistades.

Todo lo anterior, junto con los cambios en la forma de pensar y de entender la vida de las personas, nos lleva a un cambio radical en la forma de comportarse de los individuos, que cada vez tienden más al individualismo y a dejar como anticuados los conceptos de matrimonio para toda la vida, o amigos de toda la vida. Hoy en día, nos guste o no, todo parece ser incierto y reemplazable.

Dicho todo lo anterior, y volviendo a la obra de Zygmunt Bauman sobre el amor líquido, las críticas y reflexiones que el autor hace sobre el asunto van en esta línea: las relaciones actuales en el capitalismo posmoderno se caracterizan por la incertidumbre y la falta de pertenencia a un lugar propio. Todo ello lleva a buscar el placer en la inmediatez, en la satisfacción inmediata y en la banalidad. De ahí viene el miedo a establecer relaciones duraderas, limitándose estas a meras conexiones superfluas y temporales. Del mismo modo, ya no existen los valores o las ideologías, sino que todo se ha convertido en un amor liquido donde todo fluye y ya nada tiene valor a largo plazo.



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